Isabel Serrano

Isabel Serrano Marugán
Doctora. Licenciada en Psicología y Licenciada en Ciencias de la Educación.
Orientadora. Maestra especialista en Pedagogía Terapéutica.
Profesora en la UNED. Facultad de Psicología.


Las actuaciones contra el acoso escolar y mejora del clima social que se están llevando a cabo desde la Consejería de Educación, Juventud y Deporte en relación con las medidas de intervención en los centros escolares, están focalizadas en la puesta en marcha de iniciativas dirigidas a la prevención del acoso escolar y dentro del marco del Plan de Lucha Contra el Acoso Escolar de la Comunidad de Madrid.

En este sentido, se ha realizado un estudio basado en criterios científicos para la mejora de la convivencia escolar, en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Psicología. Un estudio para dar una respuesta educativa eficaz y de calidad desde la prevención, implicando a toda la Comunidad Educativa y con la finalidad de frenar y erradicar comportamientos no deseables.

La primera cuestión que nos debe quedar clara es qué criterios podemos seguir para distinguir el acoso escolar de las diferentes situaciones de conflicto entre iguales. Estos criterios fueron propuestos por Dan Olweus (1978, 1993). La definición, aunque ha sufrido algunos cambios sobre todo con respecto a la tipología y clasificación, mantiene sus características diferenciales: la persistencia en el tiempo, la intencionalidad y el desequilibrio de poder entre el agresor y la víctima. Cuando se menciona el desequilibrio de poder, este  puede producirse en términos de fortaleza física, psicológica o social. El acosador o acosadores son más fuertes o se encuentran en una posición de ventaja respecto a la víctima. Los compañeros pueden intervenir de diversas formas en las conductas de acoso, bien sea ayudando al que inicia el acoso, disfrutando de la situación sin participar o bien ayudando a la víctima.

El conocimiento y distinción de estos conceptos es primordial para poder hacer una evaluación diferencial adecuada, tanto por parte de los profesionales que deben trabajar con el alumnado, como por parte de los alumnos y de sus familias.

Una vez que tenemos claro a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de acoso escolar, vamos a clarificar cuál es la metodología que se ha empleado para detectar la posible existencia de acoso escolar.

Se ha utilizado una metodología mixta, basada en el autoinforme (técnica que obtiene la información del propio alumno sobre su actitud y conducta frente a los compañeros del aula mediante unos ítems, como pueden ser su grado y frecuencia de implicación en el acoso, formas de intimidación y rol desempeñado) y el heteroinforme (esta técnica solicita a los alumnos que señalen a los compañeros de su clase que cumplan con determinadas características presentadas en el cuestionario, relacionadas con situaciones y componentes del acoso escolar, permitiendo con ello la evaluación de un gran número de problemas emocionales y conductuales implicados en los episodios de acoso escolar).

Esta metodología de recogida de información implica un complejo proceso de análisis pero da una mayor solidez a los datos. Otros estudios que combinan ambas metodologías de recogida de información, autoinforme y heteroinforme, son el proyecto KIVA desarrollado en Finlandia (Salmivalli, Kärnä, y Poskiparta, 2011) o el proyecto TRAILS desarrollado en Holanda (Veenstra, Lindenberg, Tinga y Ormel, 2010). Las investigaciones demuestran que resultan más fiables y las informaciones son complementarias.

El estudio se realizó a lo largo del curso 2015-2016 con una muestra de 93.608 alumnos pertenecientes a 471 centros docentes de Educación Primaria y Secundaria. Los cursos comprendieron un rango desde 3º de Educación Primaria hasta 2º de Bachillerato. Algunos datos que nos pueden servir para reflexionar son:

  1. No hay diferencias significativas en los niveles de acoso en función de la titularidad de los centros.
  2. El porcentaje de alumnos que presentan indicadores de potencial acoso escolar se sitúa en un 3% considerando un índice de victimización global (física, verbal, social y ciberacoso). Se ha considerado como acoso escolar aquellas situaciones en las que la víctima ha sido señalada como tal por al menos, 4 testigos, considerando el resto de situaciones como alumnos en riesgo de acoso escolar. No se observan diferencias significativas entre chicos y chicas en victimización verbal, social y ciberacoso aunque sí se encontró mayor victimización física en el grupo de chicos.

Como padres debemos intentar utilizar estrategias para controlar la impulsividad y la violencia, y mantener conductas ejemplares para transmitir modelos de respeto y de convivencia adecuados.

  1. El porcentaje de acoso escolar disminuye a lo largo del desarrollo evolutivo, situándose en el 5% en 3º de Educación Primaria y descendiendo hasta el 1,6% en Bachillerato y FPGM.

acoso escolar

Los niveles más elevados de acoso escolar se sitúan en 3º y 4º de Educación Primaria lo que nos lleva a pensar que hemos de volcar nuestros esfuerzos en una educación basada en el respeto a la diferencia desde edades más tempranas, de manera que desde los primeros años nos esforcemos en poner límites y trasmitir valores y un control de las emociones, todo ello desde el dialogo y la asertividad.

  1. El acoso está relacionado con el aislamiento social, con la ausencia de amigos y con el rechazo del grupo. El 39% de los alumnos con mayores niveles de victimización (percentil 99), no poseen ningún amigo en el grupo de clase y son rechazados por término medio un 44% de sus compañeros. En el 85,9 % de los casos los acosadores o acosadoras forman parte del grupo de clase. Respecto a los alumnos que sufrían ciberacoso, en el 90% de los casos los acosadores eran del mismo grupo de clase.

Tenemos que comunicarnos con asiduidad con los maestros y profesores de nuestros hijos, para conocer las relaciones de amistad que establecen en el colegio y reforzarla en caso necesario, así como potenciar y trabajar habilidades sociales y comunicativas para prevenir situaciones de aislamiento y evitar así que tengan pocos amigos o sea rechazado por el grupo clase.

  1. El 47,1% de las víctimas llevan sufriendo esta situación durante 1 año o más.

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Estas cifras deben cambiar lo antes posible pues imaginar que un niño, nuestro hijo, esté sufriendo y en situación de indefensión durante tanto tiempo es inadmisible. Los estudios e investigaciones demuestran que estas vivencias pueden tener consecuencias futuras en su autoestima, carácter, personalidad y modo de enfrentarse a las situaciones diarias. Queremos que nuestros hijos crezcan sanos y felices y, por ello, hay que intensificar los lazos de comunicación con el centro escolar, con los maestros y profesores en cuanto detectemos o sospechemos que nuestros hijos están atravesando una situación delicada.

  1. El 21,99% de las víctimas de acoso escolar manifiestan que no han hablado nada de su situación con su familia. El 35,13% de las víctimas de acoso indicaron que habían hablado algo o poco con sus familias de la situación que vivían.

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Este dato es escalofriante y hay que trabajar para mejorar la comunicación con nuestros hijos. Deben saber que la familia es protección, confort, amor y comprensión. La comunicación y la confianza son básicas para poder detectar y ayudar a nuestros hijos.

  1. Respecto a los principales motivos por los cuales se produce el acoso escolar, los testigos, en el 38,7% de los casos indican que es por comportase de un modo diferente; en el 24,8% de los casos por razones relacionadas con el físico; en el 19% por motivos relacionados con las necesidades educativas específicas; en el 7,8% con la inmigración y en el 2,1% con la homofobia.

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Son muchas las investigaciones que coinciden en estas valoraciones, la diferencia, la falta de respeto y tolerancia son valores muy necesarios para crear un clima de convivencia adecuado y es responsabilidad nuestra inculcarlos y ejemplarizar con comentarios y acciones inclusivas fundamentadas en el respeto.

El acoso escolar en datos, en nuestra comunidad no puede dejar indiferente a nadie.

El acoso escolar no es cosa de niños, es una responsabilidad social, nosotros como padres tenemos que reforzar la educación de nuestros hijos, trabajar para poder trasmitir unos valores sólidos basados en el respeto e intensificar la comunicación y la confianza con nuestros hijos.

Es importante trabajar al lado de los maestros, profesores y centros escolares, para prevenir y sensibilizar en la misma dirección y establecer canales de comunicación y coordinación cercanos y estables para, entre todos, luchar contra este fenómeno social.

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