Autora: Paula Roldán Gutiérrez
Psicóloga experta en violencia de género


Propuestas transformadoras para una educación libre del género

En el siguiente vídeo sobre la Violencia de Género, se han recorrido definiciones, formas de detectar relaciones de maltrato, recursos a los que dirigirse para asesorarse y claves preventivas.

 

Este artículo pretende ser un apoyo para cualquier persona que desempeñe funciones educativas. Se trata de presentar opciones transformadoras, que nos ayuden a pensar cómo promover cambios y sobre qué, revisando lo vigente y proponiendo mensajes alternativos.

A lo largo del desarrollo, las personas nos vamos construyendo en función de cómo nos identificamos a la propia imagen. Es la principal diferencia dentro del mundo animal: poder reconocernos en la imagen. La cuestión fundamental es que ese reflejo va cargado de expectativas, mensajes, atribuciones…

Imaginemos ese momento en el que nos dicen frente al espejo “Mira, esa eres tú. Qué graciosa, pero mira que simpática, uy qué guapa…”. Y vamos abrochándonos y respondiendo a ese ideal que nos presentan, pues nos jugamos el reconocimiento en ello “Si dejo de ser graciosa, de ser esa, entonces ¿ya no me querrán?” Y procuramos ajustarnos a ello lo más posible.

frog-1499067_1920Ese espejo, lo conforman la familia, la escuela, el grupo de iguales, la publicidad, los juguetes… Todo aquello que juega un papel influyente en el desarrollo. De esta forma, la atención, las miradas, el tono de voz, lo que se pone en valor, son elementos que vamos absorbiendo, que van conformando nuestra subjetividad, la forma en la que vivimos nuestros cuerpos, asumiendo el efecto que tienen sobre las demás personas y en el entorno en el que vivimos.

Por ello es importante entender que los cuerpos no son genéricos, en el sentido que no son un molde al que acoplarse, si no que son propios y singulares.

Miguel Ángel, escultor renacentista italiano, hacía emerger sus obras de arte de bloques de piedra, como ocurre con nuestros cuerpos, que van siendo cincelados, y los vamos viviendo moldeados por las palabras, los gestos, las miradas… y por el efecto de valor que tienen. Por ejemplo, un piropo está normalizado como un halago cuando es hacia una mujer, pero se limita hacia un cuerpo de hombre. Está, por lo tanto, normalizada, justificada e invisibilizada la invasión al cuerpo de una mujer, desde el valor social compartido.


Un reciente estudio realizado por el instituto de la mujer vasco (EMAKUNDE), ha investigado los miedos a espacios públicos en la población joven según el sexo, encontrando que, los varones tienen miedo a poder ser agredidos violentamente, pero van reduciendo ese miedo a medida que crecen y se instalan en el rol “masculino”, pasando de tener noción de miedo a ser agredidos, a la noción de poder imponer ese miedo, reduciendo la vivencia de temor. Las chicas, en cambio, desarrollan el miedo a medida que aprenden cómo son leídos sus cuerpos, aumentando ese miedo progresivamente a medida que crecen y van siendo más conscientes del valor de objeto que adquiere su cuerpo. Los resultados encontrados ponen de manifiesto que los miedos son distintos según si se habita un cuerpo de hombre o uno de mujer, y, sobre todo, que la subjetividad se desarrolla de forma diferente según el género, por la atribución de valor y la reproducción de roles entendidos como masculinos o femeninos.

Por ello, las familias, la escuela, personas en funciones educativas, instituciones de influencia, tienen el poder y el protagonismo para ofrecer alternativas desde la infancia hasta la edad adulta, pasando por la importante etapa adolescente y juvenil. Es posible ofrecer mensajes alternativos que disuelvan el corsé del género, ampliando posibilidades y liberando presiones. Por ejemplo, se puede decir a las niñas que son valientes y campeonas, así como subrayar lo positivo de ser sensible a un niño. Se puede también invitar a poner atención a los riesgos a las niñas, en lugar del famoso “ten cuidadito”, y hablarle a los chicos de cómo estar atentos de no invadir, imponer ni violentar, siendo cuidadosos, sin confundirlo con la protección.

Estas cuestiones son de vital importancia en la prevención de Violencia de Género, pues permiten frenar la reproducción de modelos aprendidos sobre una base sexista y múltiples costes para ambos: se integra y se puede confundir el amor con el control, por eso hay que educar en valores a ambos sexos y hablar sobre sexualidad como forma de relación, cuidando y nutriendo desde ambos lados, para que sea eso lo que pongan en marcha en sus relaciones afectivas.

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