Por definición, el acoso escolar se produce de forma soterrada y continuada. En ocasiones, la primera de estas condiciones provoca el desconocimiento de los hechos por parte de los adultos. Comprobé eso cuando supe que Pedro, a primeros de febrero de 2016, llevaba faltando al IES de forma intermitente, debido supuestamente a problemas de salud.

Ya en el primer trimestre del curso, algunos alumnos habían referido que dicho alumno “había sido molestado” por otro alumno. Se realizó una mediación y se acordó con Pedro que acudiría nuevamente al Departamento de Orientación si sentía alguna queja, por pequeña que fuera.

El 5 de febrero tuvimos una conversación con Pedro con el fin de averiguar hasta qué punto las ausencias se podían deber a motivos de salud. Algunas pistas nos dieron pie a pensar que el menor acudía con miedo al IES y no quería permanecer en él, pues no se sentía seguro.  Ese mismo día comenzamos una ronda de entrevistas a algunos alumnos de su grupo y de otro grupo de su nivel. De todas ellas extrajimos como conclusiones:

  • Muchos alumnos referían que “hay un chico en clase al que le hacen buling” y parecían conocer el significado e implicaciones de la palabra, así como de sus repercusiones en las víctimas. Este tema había sido trabajado en tutoría.
  • Los alumnos tenían la creencia de que la persona que lo sufría no tenía la intención de hacer nada “que pudiera suponer un daño para él mismo” (autolesiones).
  • Algunos alumnos reconocieron “gastarle bromas” pero no sabían que le hacían daño.

El mismo día, Pedro refirió que le hacían fotos y cogían un luchador de sumo y ponían su cara en la foto. Refería sentir “agobio”, tener asma y que se metían con él desde Primaria. Algunos insultos eran: “tonto” o “gordo”.

Ese mismo día entrevistamos a una alumna de su grupo, Rosa, que argumentó que:

  • Pedro decía “que le hacían buling”.
  • Pedro tenía muchos problemas, en parte porque era “hijo único”.
  • Siempre quería imponer su juego en Primaria.

A pesar de ello, la alumna refirió no tener contacto alguno con Pedro, sólo de “hola” y “adiós”. Decía no hablar con él, ni llamarle ni enviarle whatsapp.

Comprobamos su número de teléfono móvil. Asimismo registramos una conversación en las redes sociales en la que se citaba: “tranquilidad tía no le insultes puede ir en tu contra”.

El día 9 de febrero convocamos a los padres de Pedro a una entrevista. Los padres aportaron audios enviados desde un móvil cuya presunta dueña era Rosa, con la que Pedro había cursado la etapa de Primaria. Asimismo, informaron de que su hijo lo pasó muy mal en el CEIP. “Tuvo que cambiar de amigos. En 6º iba con los de 5º”. Según referencia de los padres, otro alumno en aquel momento le estaba pidiendo dinero para videojuegos.

Los padres aportaron audios grabados con un móvil. Los escuchamos. Su contenido incluía insultos como “retrasado mental”, “gordo”, etc. Tomamos nota del número de móvil desde el que se grabaron dichos audios.

El 11 de febrero citamos a la madre de Rosa a una entrevista. La misma refirió que Pedro “tenía muchos problemas porque desde el CEIP les hacía la vida triste”. Según su opinión, “tenían que mandarlo a un psicólogo”. Afirmó: “todas las madres somos iguales porque haríamos lo que fuera por defender a nuestros hijos”. Tras confirmar el número del móvil, reprodujimos los audios que se habían enviado desde el mismo y advertimos de la gravedad de los hechos. Acto seguido informamos  a Rosa y a su madre, de que estos actos constituían una falta muy grave que recibiría su correspondiente sanción.

A raíz de todo lo ocurrido, se nombró un instructor que comprobó los hechos y se inició un expediente sancionador. La alumna fue objeto de cambio de centro.

Cuando las medidas de prevención se han cubierto, y la situación de acoso que detectamos supera los primeros pasos del protocolo, es necesario transmitir el mensaje de tolerancia cero y aplicar sanciones ejemplificantes.

Todos nuestros alumnos merecen aprender a relacionarse en clave de salud y respeto, por si mismos y por los demás. El papel de los adultos es crucial:

  • La familia cercana representa un modelo inevitable de cara a los menores para aprender e imitar conductas de relación social. Para bien o para mal, condiciona nuestras interacciones sociales desde muy temprana edad.
  • Los profesionales debemos actuar en RED, no sólo porque debemos estar conectados entre nosotros, sino porque debemos seguir los siguientes principios:

Rastrear la información precedente a cada caso, tanto de la presunta víctima como del/los agresor/es y /o de los testigos,

Entrecomillar las informaciones que nos lleguen hasta haberlas contrastado, y

Decidir qué medidas adoptar con cada uno de los afectados.

Todas las actuaciones del Departamento de Orientación se llevaron a cabo en estrecha coordinación entre la orientadora y la PTSC. Como características manifiestas de una situación de acoso puedo destacar:

  • Las agresiones a la víctima se venían manteniendo desde la etapa de Primaria, lo cual provocó la normalización de las mismas.
  • Los agresores no reconocían como lesivas algunas acciones como insultar, amenazar o extorsionar. Simplemente formaba parte de su “día a día”.
  • La indefensión se apoderó de Pedro, que sólo pudo desarrollar conductas de evitación. No confiaba en poder recibir ningún tipo de ayuda ni reparación del daño por parte de los adultos.
  • La alumna agresora desempeñaba dicho papel con otros alumnos, por lo que se acostumbró a establecer relaciones con iguales en clave amenazante.

Aparte de la vertiente conductual aquí retratada, hay todo un contexto social y familiar que influye en el porqué de lo ocurrido. A este entramado también le dimos respuesta por medio de intervenciones con Pedro, Rosa y otros más, como fueron:

  • Propuestas para organizar el tiempo de ocio de forma socializadora.
  • Coordinación con recursos externos al IES (apoyo familiar y psicológico).
  • Priorización de la educación emocional en las tutorías.
  • Propuestas organizativas para mejorar la convivencia.
  • Seguimiento de las medidas adoptadas con los protagonistas del hecho.

Recuerdo muchas vivencias en relación con este caso, pero uno de los aprendizajes que he consolidado es que sean cuales fueren las características de personalidad y habilidades sociales del alumno objeto de acoso, nunca hemos de perder de vista que él es quien está en desventaja y en riesgo, y nunca debemos dudar de que él es a quien debemos proteger.


virginia MorenoAutora: Virginia Moreno Molero
Orientadora

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies