¡Hajimari, hajimari!

Así arrancábamos el módulo ¿En qué piensan los niños cuando leen? del curso Arte, palabra y lectura en la primera infancia: con una declaración de principios (literal). ¡Es el principio! ¡Es el principio! Nos indicaban estas dos iteraciones de una misma palabra japonesa, hajimari, deliciosamente sonora y convocadora, de la que no sabíamos el significado exacto pero sí la función. ¡Que empieza ya!

Y enseguida otra incógnita, también repetida: maru, maru. ¿Será el nombre de un personaje? ¿será “Mamá”? ¿será una exhortación: “¡mira! ¡mira!”? ¿será “ojo”? ¿será “círculo”? ¿será varias de las opciones al mismo tiempo? ¿un juego de palabras del que no comprendemos ninguno de los dos elementos pero que reconocemos como juego?

Y por un momento, en una tregua de búsqueda de respuestas definitivas, nos relajamos y nos abandonamos a la incertidumbre.

Oímos la voz, la entonación, la música, el patrón, el ritmo. Nos anticipamos a lo siguiente, lo empezamos a repetir en nuestra mente o incluso en voz alta: maru, maru. ¿Y si en este momento, para nosotros, en esta lectura concreta, “maru” significa todo lo anterior? Personaje, Mamá, exhortación, ojo y círculo. ¿Y si abrazar la incertidumbre, lejos de sumirnos en un abismo, nos abre posibilidades? ¿Y si dejar de buscar nos ayuda a encontrar y a comprender, poco a poco, con calma, con gozo?

En el segundo bloque, El camaleón camaleónico, de Eric Carle nos ha centrado de nuevo más en la incertidumbre que en la certeza, más en la pregunta que en la respuesta. ¿Qué no comprendemos del cuento, del camaleón, de nosotros, de la felicidad, del deseo, del cambio, de la identidad? Hemos tratado de seguir en ese estado de relajación frente a la incertidumbre que nos permite alejarnos todo lo posible del impulso de adivinar y de hacer adivinar la respuesta o el significado “correcto”, y centrarnos en lo que nos provoca curiosidad acerca del cuento: lo que no comprendemos del todo bien, las preguntas que nos provoca, las incertidumbres que nos revela. Esto nos ha permitido ver la literatura como disparadora de preguntas en lugar de como fuente de respuestas; como invitación a la exploración de incertidumbres en lugar de como herramienta de transmisión de mensajes o fuente de verdades.

La literatura como espacio para aprender de las incertidumbres y de las preguntas propias y ajenas, para disfrutar de incertidumbres compartidas.

Y luego llegó Al otro lado, de Maurice Sendak: la última sacudida. ¿Nos gusta? ¿No nos gusta? ¿Qué nos cuenta? ¿Qué nos pregunta? ¿Qué pensamos? ¿Qué pensarán? ¿Nos atrevemos a compartirlo a pesar de la incertidumbre de lo que ocurrirá cuando lo compartamos? ¿Cómo pasar del temor a la incertidumbre a la curiosidad a partir de la incertidumbre?

Para cerrar, me gustaría recuperar una de las reflexiones que publiqué a raíz de vuestras participaciones en Facebook sobre el Maru maru pero que es un cierre apto para todo el módulo:

Disfrutar sin necesidad de tener la respuesta es algo esencial en el proceso de lectura. Disfrutar de un vocabulario sonoro que no entendemos del todo pero que no por ello resulta menos disfrutable, disfrutar de cómo baila el significado de algo dependiendo de nuestra comprensión en el momento dado, disfrutar de algo que sabes que te queda grande, pero jugar a que te queda bien ya o anticiparse al momento en que sí alcanzarás a entenderlo. Disfrutar de la incertidumbre, de lo que está un poquito más allá de nuestro alcance, de lo que no se comprenderá del todo hasta leerlo unas pocas veces -o quizás nunca- tiene mucho que ver con disfrutar de la literatura, a cualquier edad.

Muchas gracias por todas vuestras participaciones. Ha sido un verdadero placer.

Ellen Duthie
Abril, 2018

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