Solemos pensar el cambio como excepción, como si fuese una eventualidad, nacer, morir. Imaginamos una línea, la Historia, nuestros días, sus horas y relatos, y soñamos con que un ajuste aquí y otro allá, hará que las cosas sucedan como deseamos y no es así. La vida se muestra tantas veces como una caja de azar, caos, movimientos de manos y otra orilla, ¿cómo es posible? ¿En qué momento llegué ahí? Pensamos que nuestros pesares y alegrías nos pertenecen y los padecemos seguros de que nos ha tocado más difícil que al de al lado y no es así. El cambio, buenos y malos ratos, buenas y malas rachas, nos sucede a todos. Lo mismo con las sociedades, porque no son ajenas a sus individuos, un entramado frágil que sufre, padece, crece y se altera, a veces, con mínimos movimientos, igual que las personas y sus historias. El correlato entre lo individual y lo social es indiscutible, y, sin embargo, olvidamos lo colectivo. Debiéramos preguntarnos por qué. Por qué decidimos apartarlo, dejar de mirar ese momento en que la historia de nuestro país se torció, por qué preferimos conducirnos como si tuviésemos una ruta marcada. O, quizás, hacer un movimiento necesario y observar cómo se mueven animales, ballenas, lechuzas o los árboles cuando caen sus hojas.

Todo alrededor es cambio, fragilidad y, al mismo tiempo, orden y belleza. No existe esa tensión que le imprimimos a nuestra especie, los humanos, miramos a nuestros jóvenes con desconfianza, arqueando las cejas cuando se pintarrajean el pelo o experimentan con sus ropas, sus formas de hablar o moverse.

Con los niños y niñas solemos ser más benevolentes, “son niños”, decimos como excusa, pero pasamos por alto su poética, ese modo experimental que tienen de aprehender el mundo, palabras, cosas, la misma cuestión. En una frase, el universo entero: “Qué bonito, ¿no? Acaba por desaparecer la estrella fugaz”1. Nuestros jóvenes fueron esos niños y niñas poetas: “Por todas partes viene siguiéndome el sonido de las cascadas”2. Se mueven, sucede y, en esa variación, el mundo, lo colectivo, es esencial. Si no sucediera esa expansión, si no les sucediera el sexo, ¿dejarían alguna vez la casa? “Estoy parado sobre la muralla que divide todo lo que fue de lo que será”, cantaban los Enanitos Verdes, esa frontera que divide la infancia de la juventud, lo que fue de lo que será. Y, no obstante, preferimos apartarlos de la conversación colectiva, de ese espacio de reunión y sentir común, de su responsabilidad política y social futura, como si esa conversación les fuera a llegar en algún momento indefinido, no sabemos cuál, pero qué nos importa, los jóvenes solo quieren divertirse, pensamos, y no es así. Tememos hablar de sexo, como si el cuerpo físico fuese distinto del cuerpo social, los cambios comienzan en el cuerpo, todos los cuerpos y debemos prepararlos para ellos. Lo mismo que nuestras sociedades, ¿cómo avanzar desconociendo la guerra, la dictadura o la revolución? No es posible. La literatura es conversación, un libro es la posibilidad de ese encuentro.

No subestimar a los jóvenes, entonces, es atender, a la vida misma, sus divagaciones y tropiezos.

La conversación juvenil, sabemos, va de lo finito a lo infinito con facilidad, y la Literatura, en cuanto expresión humana, los acompaña y abriga; sus elaboraciones les permiten procesar lo que les inquieta, porque un libro siempre es una pregunta que se expande y garantiza la deconstrucción de lo añejo. No cualquier libro, claro está. Se ha popularizado la idea de que lo importante es que niños, niñas, adolescente y jóvenes lean, cuando no da lo mismo qué se leer. Hay libros tremendamente falsos; impostados; libros hechos a la medida de focus group; libros pensados para complacer a lectores adolescente y jóvenes sin el menor sentido de estética ni responsabilidad; no interpelan ni subvierten, solo buscan entretener y eso es imperdonable. La industria editorial puede producir los libros que desee, pero en el aula, bibliotecas o librerías, plazas públicas por antonomasia, espacios de debate y contención, los muchachos y muchachas merecen encontrar su voz.

Construir y destruir, debiéramos apelar a esos verbos cuando pensamos en lecturas para jóvenes, porque ellas y ellos viven esa oscilación no solo en sus cuerpos, en sus casas, con sus padres y pares. Todo se modifica y altera.

Nada grave, es la vida, sus vidas y la de una sociedad entera. El infierno sería que nuestra adolescente o joven pensara que está todo hecho, que seguir la ruta trazada por sus padres está bien, que no es necesario “golpear con la cabeza el borde de los límites”, como exhorta Bataille, el mandato quee no deja lugar a dudas, la Literatura, en tanto expresión artística, no puede ser supeditada a ningún otro fin que la representación de un absoluto –emoción, idea, fenómeno–, aquella imagen que el artista observa con urgencia, cierto temblor que lo desvela; su devoción, su militancia, es permanecer leal a lo que intenta expresar, aun cuando pareciera que, en el ejercicio, se alejara, escurriéndose palabras y significados.

Tenemos esa deuda con nuestros jóvenes, devolver la política al mundo de las ideas, las artes, el pensamiento; preocuparnos de que desarrollen ese pensamiento crítico, ofrecerles literatura pura y dura, que les enseñe (porque a pensar se aprende) a discernir, saber qué destruir y qué construir, porque dejarlos habitando en los extremos, sin posibilidad de salir para mirar con perspectiva, es también una especie de prisión, la imposibilidad de imaginar un futuro.

Termino con una frase de La verdadera vida, de Alain Badiou: “corromper a los jóvenes quiere decir una sola cosa: intentar que no entren en los caminos ya trazados, que no se consagren simplemente a obedecer las costumbres de la ciudad, que puedan inventar algo, proponer otra orientación”.

Sara Bertrand
Febrero del 2020

*citas 1 y 2: Compilación de Vicente Haya. La inocencia del haiku. Selección de poetas japoneses menores de 12 años, editorial Vaso Roto, 2012.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies