España es una país pionero respecto a la legislación para erradicar la violencia de género, pero, lamentablemente, hay una parte inexplorada de la Ley 1/2004: la relativa a la prevención en el ámbito educativo recogida en su capítulo 1, donde su artículo 4 recuerda que nuestro sistema educativo “incluirá entre sus fines la formación en el respeto de los derechos y libertades fundamentales y de la igualdad entre hombres y mujeres, así como en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad dentro de los principios democráticos de convivencia”, así como “la eliminación de los obstáculos que dificultan la plena igualdad entre hombres y mujeres y la formación para la prevención de conflictos y para la resolución pacífica de los mismos”para luego pasar a desarrollar los objetivos en cada uno de los ámbitos educativos.

La escuela es una institución que promueve cambios positivos, pero -posiblemente de forma inconsciente- también hay ocasiones en las que perpetúa, produce y reproduce modelos sexistas que son discriminatorios para las mujeres. 

Sigue siendo un hecho la ausencia de educación en materia afectivo-sexual, de la inclusión de la igualdad en la trayectoria curricular de menores y jóvenes, el aprendizaje de un uso inclusivo del lenguaje o modelos y referentes no androcéntricos.

Entender el impacto negativo que la violencia de género tiene en las víctimas ayuda a comprender la gravedad de este tipo de violencia, pero también a eliminar los mitos o falsas creencias que, en torno a ella, se han construido para justificarla o para culpabilizar a las mujeres de su existencia o de la permanencia en esta situación.

La Comisión de la Condición Jurídica y Social de las Mujeres de Naciones Unidas lo dejó claro al reclamar:

kk) Elaborar e implantar programas educativos y material didáctico, que incluyan una educación integral sobre sexualidad humana basada en datos empíricos e información completa y precisa, para adolescentes y jóvenes, de una forma adaptada a la evolución de sus capacidades, con la dirección y la orientación apropiadas de los padres/madres y tutores legales, la participación de los niños/as, los/as adolescentes, los/as jóvenes y las comunidades, y en coordinación con organizaciones no gubernamentales juveniles, especializadas y de mujeres, con el fin de modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres de todas las edades, eliminar los prejuicios, y promover y crear aptitudes de comunicación, reducción de riesgos y adopción de decisiones bien fundamentadas para entablar relaciones respetuosas y basadas en la igualdad entre los géneros y los derechos humanos, así como programas de educación y capacitación de profesores para la enseñanza académica y no académica;

Como educadoras y educadores tenemos un papel muy importante para desarrollar esta política. Pongamos nuestro granito de arena en la erradicación de la violencia de género ¿Conocías esta legislación?