Cuenta la leyenda que hubo un tiempo en el que todas las personas del mundo hablaban el mismo idioma. Cada una diferente, fueron capaces de ponerse de acuerdo para construir una torre tan alta como para que llegase hasta el cielo: la torre de Babel.

A partir de aquí, cada fuente relata la historia de una manera. El caso es que a Dios le dio porque cada uno hablase una lengua diferente. Como ni se entendían ni hicieron por entenderse, cada cual iba a lo suyo y la construcción fue un desastre total. Tanto que algunos cuentan que terminó derrumbándose. ¡Una pena!

A menudo con nuestros jóvenes nos encontramos con una torre de Babel, con un escollo que parece insalvable, el comunicativo, porque ninguno estamos dispuestos a entender al otro. Esperamos que los jóvenes entiendan nuestro lenguaje y ellos, por su parte, que nosotros hablemos el suyo. Y al final no nos entendemos y se derrumba el proyecto común aun antes de construirlo.

Como adultos responsables, nunca está de más que aprendamos la jerga que manejan nuestros jóvenes; y no sólo la jerga verbal, sino también la digital, la que forman todo ese crisol de aplicaciones móviles que son parte de sus vidas.

No cabe duda de que las nuevas tecnologías, personificadas en las redes sociales y las aplicaciones móviles, influyen más que ninguna otra cosa en la juventud de hoy. Y quizá por ello y porque es el modo más sencillo para acercarse a ellos y hablar su mismo idioma, algunas empresas e instituciones están lanzando interesantes iniciativas para luchar contra la desigualdad y la violencia de género desde dentro, desde esas mismas aplicaciones.

Snapchat, por ejemplo, va a crear contenidos en vídeo para ayudar a las víctimas de violencia de género y que sufren problemas de salud mental como la depresión o la ansiedad. Y el Ayuntamiento de Colmenar Viejo y CortoEspaña han convocado un concurso de vídeos en TikTok, “Colmenar por la Igualdad“, que pretende concienciar y sensibilizar sobre la igualdad de género.

Ambas iniciativas son un ejemplo de cómo salvar el galimatías de la torre de Babel en la que vivimos y de cómo encontrar un lenguaje común para entendernos y trabajar juntos por un mundo mejor.

Algo que también podemos hacer desde nuestros centros educativos promoviendo actividades lúdicas y educativas que utilicen como herramienta las aplicaciones con las que están familiarizados. Un concurso de vídeos por la igualdad y una posterior proyección de los mismos, por ejemplo, puede abrir el debate y la reflexión necesaria para evitar situaciones de abuso, desigualdad y maltrato.

Se trata, en definitiva, de acercarnos a la realidad de los jóvenes para hablar su mismo idioma. Porque cuando hablamos el mismo idioma, estamos destinados a entendernos.