En una edición más de este espacio de formación y debate sobre la lectura en la primera infancia le hicimos un hueco a la vertiente digital, un segmento de la lectura en clara expansión en todas las franjas etarias. Crece tanto el número de lectores que leen en digital como la propia oferta de materiales digitales de lectura de ficción y de no ficción para todas las edades. No obstante, la controversia persiste, más si cabe en las edades más tempranas.

Hemos planteado en los contenidos de este módulo y reiterado en el foro de debate abierto en Facebook que es necesario formar a los niños y niñas en el uso de los dispositivos digitales y fomentar que la lectura entre a formar parte de los usos cotidianos y mayoritarios que los chicos y chicas hacen de estas herramientas digitales.

Los primeros acercamientos que les proporcionamos a las historias a través de nuestros cantos, retahílas y narraciones orales pueden verse enriquecidos con propuestas digitales adecuadas, compartidas primero con los adultos y exploradas más tarde y a su tiempo de forma autónoma por los propios niños y niñas.

Poner al alcance de las primeras edades contenidos digitales de calidad resulta esencial en la labor de despertar en los niños y niñas el gusto por las palabras, de alimentar su imaginario con historias y de acercarles el mundo que les rodea para que lo reconozcan y se reconozcan en él. Deleite, juego e información a través de buenos contenidos en todos los formatos e impregnados de afecto, especialmente en las primeras etapas, con la lectura compartida. Leer juntos en papel y en pantalla supone el mejor regalo que podemos hacer a nuestros hijos e hijas en el hogar, a nuestros alumnos y alumnas en la escuela, así como desde la biblioteca escolar y las bibliotecas infantiles al conjunto de la población infantil.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que los recientes periodos de confinamiento han provocado cambios de hábitos en el ocio y la lectura aparece como un valor en alza. Ciertamente, los informes y encuestas de diferentes áreas geográficas ponen de manifiesto este hecho y todos ellos coinciden también en destacar un significativo aumento de la lectura digital en los hogares. Es indiscutible que las restricciones derivadas de la pandemia de la COVID-19 han dado un fuerte empuje al uso de la tecnología en todos los ámbitos, también en relación con las prácticas de la lectura y la escritura. Hay fuentes que cifran hasta en un 50% el crecimiento del tiempo de exposición de los niños frente a las pantallas. Ya sea en el ámbito escolar por el aumento de la educación a través de vías telemáticas o bien en el terreno personal, ante el hecho de permanecer todos en casa mucho más tiempo que en épocas prepandémicas, el contexto sopla a favor de las prácticas digitales de lectura y escritura.

Ante ello se hace aún más necesario reforzar la labor de mediación y orientación en relación con la lectura digital; esa mayor exposición de tiempos frente a las pantallas obviamente aumenta la probabilidad de que malos o mediocres contenidos lleguen a nuestras manos y a los de los niños y niñas.

No cabe pues ahuecar el ala y escurrir el bulto ante la necesidad de formarnos y de formar a los niños y niñas como lectores digitales; hemos de tomar una actitud proactiva para forjar lectores competentes del siglo XXI. Así lo recordábamos en una de nuestras intervenciones en el perfil de Facebook, citando un párrafo del artículo El control parental en los dispositivos digitales de Araceli García Rodríguez y Raquel Gómez Díaz, profesoras de la Universidad de Salamanca: “A pesar de que muchas de las aplicaciones incorporan filtros parentales, delegar el control de manera exclusiva en ellas es un acto tan irresponsable como dejar que un niño cruce la calle porque hay un semáforo. Más allá del uso intuitivo que cualquiera pueda hacer de las herramientas digitales, está la comprensión y el aprendizaje de sus mecanismos, y es aquí donde se debe enfocar nuestra atención como adultos mediadores.”

Educar en el uso de los dispositivos y materiales digitales de lectura es, pues, fundamental, no solo se trata de restringir sino de darle sentido y acompañar a los niños y niñas en su aprendizaje de la lectura, tanto en papel como en pantalla.

No podemos renunciar a dar sentido y significado a la lectura y la escritura también en la esfera digital; que leer y escribir esté en las actividades principales derivadas del uso de los dispositivos y de las aplicaciones digitales de niños, adolescentes, jóvenes, y también de nosotros, los adultos. Cualquier otra opción supone dejar la educación digital de niños y niñas, adolescentes y jóvenes en manos de las corporaciones tecnológicas y del mercado, y favorecer un consumo acrítico de contenidos y de tecnología.

En esta semana de reflexión en torno a la lectura digital en las primeras edades en el marco de este MOOC hemos querido apoyar y orientar esa labor de selección que desde la familia, la escuela y las bibliotecas se realiza; brindar la oportunidad a niños y niñas de conocer, disfrutar y aprender acercándoles propuestas digitales de calidad, adecuadas a los gustos, intereses y capacidades, que contribuyan a su formación como lectores digitales autónomos y críticos.

Gracias a todos y todas por vuestra participación en este espacio de formación, reflexión y debate. ¡¡¡Nos vemos en las redes!!!

Elisa Yuste y Luis Miguel Cencerrado
Febrero del 2021