Muy próximos al final de esta edición del MOOC, en el último debate semanal hemos abordado una cuestión de gran relevancia en el entorno educativo pero también familiar, el del uso inapropiado de las tecnologías que puede derivar en casos de ciberacoso.

En el último lustro, se han ido tomando ciertas decisiones que intentan paliar este problema y también se han llevado a cabo campañas de concienciación por organismos públicos pero las cifras siguen sin acompañar. Y en 2020/2021, según el ‘Informe del Observatorio para España’ de Bullying Sin Fronteras. hubo más de 11.200 casos reportados de acoso. Todavía cifras demasiado altas que deben preocuparnos.

En el plano educativo, ya ha habido medidas en algunos países europeos como Francia, Reino Unido o incluso España. En el primer caso, el país vecino decidió prohibir el uso de los dispositivos móviles, a excepción de cuando sean reclamados por el profesorado y para fines totalmente pedagógicos, en todos los centros de primaria y secundaria. Algo muy similar se plantean los centros británicos que buscan potenciar las relaciones interpersonales entre el alumnado más que el uso de los dispositivos móviles. Pero también tenemos el ejemplo de la Comunidad de Madrid que tomó la iniciativa de esta prohibición a nivel nacional y que, cada vez más comunidad autónomas, se plantean en sus centros.

Estas limitaciones, lejos de imponer un pensamiento “anti tecnológico”, pretenden promover el contacto social entre los y las estudiantes; no se prohíbe en ningún caso el uso pedagógico de estas herramientas digitales que, como hemos ido viendo a lo largo de este curso, pueden ser auténticas aliadas para el acceso a la información y el enriquecimiento personal y social.

Se busca, de forma prioritaria, contribuir al descenso de casos de ciberacoso y potenciar lazos para que así casos como el que nos reportaba Ángel M. por el grupo de Facebook del curso, se puedan prevenir con mayor agilidad. Nos comentaba que “he tenido un caso de ciberacoso que fue difícil de detectar (…) Una alumna era acosada y una amiga de esta denunció el caso después de mucho trabajo del tutor y la orientación del centro.”

Unidas a estas decisiones, se hace imprescindible una capacitación docente y un acompañamiento al alumnado para que conozca los riesgos y las consecuencias psicológicas y físicas que puede acarrear este tipo de problemáticas. Por ello, no podemos concluir este artículo sin hacer mención especial al programa de ‘Ciberayudantes’ que tanto impacto y tan extendido está por los centros educativos y que, de manera proactiva, implica al alumnado en la lucha y prevención del acoso y ciberacoso en las aulas. 

Porque la seguridad digital también implica cuidar cómo manejamos las redes con los y las demás.