“Me ha dejado boquiabierta”. Así se han quedado, como más participantes en el MOC, al ver el contenido en el que se trata en este caso, la invisibilización de las mujeres en los campos profesionales. Así, Marichu H. nos hace un rápido repaso histórico de cómo la mujer ha quedado relegada al espacio doméstico, sin posibilidad de tener presencia en el espacio público y laboral.

En este último bloque de aprendizaje, hemos focalizado el debate en la violencia simbólica que “esconde” a la mujer y sus proezas. Entre los ejemplos que hemos compartido en el grupo, Fátima M. nos habla del gazapo en el libro de texto “de Lengua y literatura de cuarto curso de la ESO” e una imagen de la generación del 27 “en páginas separadas y dedicar las primeras páginas y más espacio a ellos, cometen el siguiente error con la foto de una de las poetisas. La imagen que corresponde a Ernestina de Champourcín es errónea. No es ella, sino la novelista Luisa Carnés. Eso nos pasa por haber crecido sin conocer a estas grandes mujeres… A nadie se le ocurriría confundir a Lorca con Alberti…”

O la famosa foto en la que Rosario Olmos, sentada junto a Antonio Machado en el café de las Salesas, fue eliminada sin más razón  y sin embargo se “escondió” a esta magnífica escritora, política y periodista que en algunos casos sí ha sido identificada y en otros no.

Si bien es cierto que se percibe de manera generalizada que se avanza de forma positiva hacia la visibilización pero al mismo tiempo, es necesario dar más pasos para que la mujer no se sume al contenido “con calzador” (como veíamos anteriormente) sino como personajes de relevancia socialmente.

Así, Silvia M. nos recuerda la exposición que realizó el Museo del Prado  “Invitadas”. en la que “había intención de recuperar obras de mujeres artistas que habían permanecido almacenadas. Se pretendía explorar la misoginia en el arte a través de los siglos y dar un giro al respecto.” Aún así, ¿hasta qué punto debe visibilizarse a la mujer en espacios apartados? ¿no sería quizá, más interesante, incluirla en sus espacios habituales como artistas de prestigio y no en salas aparte? 

En ese sentido, Gema B. propone aplicar “pequeños detalles como el uso de un lenguaje inclusivo y no sexista se pueden trabajar de manera constante sin tener que modificar nada de nuestras programaciones del día a día.” o como también comenta 

Lorena P. que plantea empezar “desde abajo en Infantil, ahora me doy cuenta de cuando trabajé el proyecto de artistas elegimos a Miró, Kandinsky y Sorolla, debemos empezar por autoanalizar nuestra propia práctica docente.”

Es por eso que, esta reflexión autocrítica debe ser global e implicar a toda la sociedad. Hasta en lugares cotidianos podemos hacer una revisión analítica como comenta Javi B. quien ha descubierto “en el nombre de los distintos centros educativos en los que estuve o estoy siempre nombre de hombres, es injusto.”

Por eso, debemos animar al alumnado a contar con el papel de la mujer como algo implícito en la evolución histórica, sin relegarla a espacios aparte, reseñas breves o directamente silenciarla. Todo aporte para conocer quiénes somos será enriquecedor.