1ª Parte

El artículo 10 de nuestra Ley de Propiedad Intelectual nos indica que todas las creaciones originales quedarán protegidas por los derechos de propiedad intelectual, independientemente del medio, formato o soporte en el que se expresen.

A modo de ejemplo, este artículo incluye una lista de qué creaciones son susceptibles de protección, siempre que sean originales. Entre ellas, este artículo cita los libros, escritos, conferencias, las composiciones musicales, obras fotográficas y las obras audiovisuales.

Por tanto, profesor, el contenido de tus clases, los materiales que realizas para su preparación, incluso los trabajos de tus alumnos, en la medida en la que sean originales, pueden estar protegidos. También podrán estar protegidos muchos de los recursos de terceros que se utilizan habitualmente en el aula.

No obstante, es importante tener en cuenta que no se protegen, a través de la propiedad intelectual, las ideas, principios, teorías, procedimientos, métodos de operación o conceptos matemáticos. Lo que se protege a través de estos derechos es la forma concreta en la que el autor expresa, describe, narra, explica esas ideas, teorías y métodos.

¿Qué grado de originalidad se requiere para la protección de una obra?

La jurisprudencia de Tribunal de Justicia de la Unión Europea nos orienta en este aspecto y señala que deben concurrir dos requisitos:

  1. Por un lado, debemos encontrarnos ante una obra que sea identificable con suficiente precisión y objetividad. Por ello, aspectos que no cumplan con estas notas características, como el sabor de un alimento, no van a encontrar protección a través de los derechos de propiedad intelectual[1].

  2. Por otro lado, esta obra debe ser original. Esto supone que debe reflejar la personalidad de su autor, manifestada a través de decisiones libres y creativas.

Por tanto, no se protegerán manifestaciones fruto de eventos naturales (por ejemplo, la peculiar forma de unas rocas derivada de la erosión del viento o agua), tampoco las realizadas por un animal (el famoso selfie realizado por un mono) ni aquellas realizadas por sistemas robóticos o máquinas sin la intervención humana.

Además, si la creación deriva de aspectos puramente técnicos, reglas científicas, reglas matemáticas, reglas de juego u otras exigencias que no dejan margen a la libertad creativa, no puede considerarse que tenga la originalidad necesaria.

La ausencia de estos dos requisitos ha supuesto que, en principio, no se consideren obras protegibles una mera competición deportiva[2] (que carece de originalidad, al estar sometida a unas concretas reglas de juego preestablecidas) o la faena de un torero[3]. Cuestión distinta son los derechos que pueden recaer sobre las grabaciones audiovisuales de ese acontecimiento deportivo o corrida de toros.

Mercedes Morán


[1] Véase la Sentencia del TJUE en el asunto C‑310/17 https://curia.europa.eu/juris/document/document.jsf?text=&docid=207682&pageIndex=0&doclang=es&mode=lst&dir=&occ=first&part=1&cid=12299828 que determina que el sabor de un queso no puede considerarse obra protegible.

[2] En este sentido puede consultarse la sentencia del TJUE de 4 de octubre de 2011 (asuntos acumulados C-403/08 y C-429/08): https://curia.europa.eu/juris/document/document.jsf?text=&docid=110361&pageIndex=0&doclang=ES&mode=lst&dir=&occ=first&part=1&cid=12315875

[3] Sentencia del Tribunal Supremo 82/2021 de 16 de febrero de 2021.