Somos conscientes de que, cuando usamos una obra ajena, hay que pedir autorización al dueño de la obra para utilizarla. La cuestión es, ¿tenemos claro quién es el dueño de la obra?. O mejor, ¿quién nos puede ceder el uso particular de la obra o de lo que necesitamos de ella?.

No hay que olvidar que las excepciones y limitaciones de los derechos de propiedad intelectual son de aplicación restrictiva: es conveniente, cuando nos encontremos ante un posible límite, recordar la llamada “regla de los tres pasos” que la Ley recoge en su artículo 40 bis: hay que estudiar el caso concreto y la excepción se aplicará siempre que no se impida la normal explotación de la obra o se cause un perjuicio injustificado al autor. Por ello, creo que debemos tener presente, como regla general, que en caso de duda hay que pedir autorización.    

Sabemos que el autor de la obra es dueño de ella por el mero hecho de su creación. Pero hay veces que, como el autor ha cedido sus derechos – los patrimoniales, claro – no es a este al que hemos de solicitar la autorización para la reproducción, distribución o comunicación pública del contenido que queremos usar: por eso es mejor hablar de titulares de derechos de propiedad intelectual, más que de autores. No perdamos de vista que, en este caso, quien ha divulgado la obra puede tener cedidos los derechos de reproducción y distribución. Sería prudente, entonces, dirigirnos al autor y al editor, para tener la total seguridad de que nos concede la autorización quien tiene los derechos que necesitamos.

Y es que la cuestión se complica, además, cuando nos encontramos con obras hechas por más de un autor. Entonces, ¿qué hacer? Hay varios tipos de obras realizadas por más de una persona y la Ley de Propiedad Intelectual recoge varias de ellas.

En primer lugar, tenemos las obras en colaboración, realizadas por un conjunto de personas que se unen para llevar a cabo una obra. Es una relación horizontal transversal, en la que los diversos autores aúnan esfuerzos para completar una obra común. Los derechos, como dice la Ley (artículo 7), corresponden a cada uno en la proporción que establezcan. Un buen ejemplo es obra musical con varios autores – letra y música – que se quiere utilizar para la enseñanza sin que el uso esté amparado por la correspondiente excepción: habrá que obtener la autorización de todos los autores para su utilización.

Por otro lado hay que hablar de las obras colectivas, en la que la aportación de varios autores se funde de forma que no es posible diferenciar las partes de cada uno. El ejemplo típico es un diccionario o enciclopedia. En este caso, los derechos corresponden a la persona, natural o jurídica, que lo divulga bajo su nombre, cono dice el artículo 8 de la Ley. En estas obras, a diferencia de las anteriores, hay una relación que podríamos llamar vertical, de dirección o dependencia, pues una persona, natural o jurídica, encarga las diversas partes de la obra final a una serie de autores que actúan de acuerdo con las pautas o bajo las órdenes de quien ha hecho el encargo que es el titular de los derechos.

Hay otras clases de obras de varios autores: las obras compuestas, las colecciones de obras, o las obras independientes aunque se publiquen conjuntamente. Las primeras son las que incorporan una obra preexistente, sin intervención del autor de la obra incorporada, aunque siempre con su autorización, claro está. El uso de la obra resultante debe estar autorizada por el autor de ésta última. Las colecciones o la publicación conjunta no suponen, realmente, obras de varios autores y, en principio, basta con la autorización del autor del la obra independiente o que forma parte de la colección.

Dos cuestiones más, para cerrar este tema. Obras en dominio público pero con una traducción moderna o en ediciones especiales. En efecto, la obra en sí misma, es accesible a todo el mundo, pero no hay que olvidar que el traductor es autor de su traducción: habrá que solicitar la autorización de este. Y en el caso de ediciones, no hay que dejar de lado los derechos del editor, sobre todo cuando la edición reúne especiales características.

En cualquier caso, para el caso de obras de texto, siempre que se necesite un uso que, en principio, no parezca amparado por una excepción o límite, se puede acudir a CEDRO que, como entidad de gestión, puede conceder licencias para el uso de las obras que gestiona y, desde luego, siempre aclarará las dudas que surjan sobre la necesidad del permiso para la reproducción, distribución o comunicación pública de estos contenidos.

Salvador Esteban
CEDRO