Es posible que ni te hayas dado cuenta y que no haya sido malintencionado pero está tan interiorizado que ya forma parte del lenguaje habitual que empleamos. Por ejemplo es fácil referirse al personal de limpieza de un lugar como “la señora de la limpieza” pero, ¿por qué siempre se equipara a la mujer? O cuando nos referimos a las enfermeras, ¿por qué utilizar el femenino?

El lenguaje es una herramienta con la que construir comunidad y cuidar las relaciones, envolviendo a toda la sociedad cuando nos referimos a ella. Por eso, podemos servirnos de nuestro propio vocabulario para nombrarles, como “el personal de limpieza”, o “el cuerpo de enfermería”.

El lenguaje no sexista, sino inclusivo, aboga por emplear nuestro rico vocabulario para acoger en sus palabras a todo el mundo. Muy lejos de utilizar “x”, “e” o “@” para los pronombres. De hecho, estas opciones rompen igualmente con el requisito que buscamos en todo momento, esto es, el de envolver a todas las personas puesto que no aboga por la accesibilidad y no es una lectura fácil para quienes puedan presentar ciertas dificultades en la visión, lectura, etc. por la lectura que realizan los programas informáticos de lectores de pantalla.

En estas guías (‘Lectura fácil y lenguaje no sexista’ y ‘Redacción con lenguaje inclusivo’), muy completas y didácticas, se detallan ejemplos realmente prácticos con los que andar los primeros pasos en el lenguaje inclusivo y además, acompañar al alumnado precisamente en servirse de nuestro extenso diccionario y posibilidades en comunicarse sin un lenguaje sexista.


En ‘Educar en la igualdad: Prevención de la violencia de género’ no podíamos obviar esta potente herramienta de cambio contra la discriminación y los prejuicios y aprovechando que reflexionaremos sobre esta cuestión, os dejamos estas indicaciones y consejos compartidos por las Naciones Unidas.